El Corredor Integral del Piedemonte de Cali surge de una condición territorial crítica y estratégica: un borde urbano–ambiental de alta biodiversidad que ha sido históricamente fragmentado por la expansión de la ciudad. Se localiza en el piedemonte de la cordillera Occidental, en el sistema de laderas asociado a los Farallones de Cali, donde los ecosistemas de montaña descienden hacia el valle del río Cauca. Este territorio, parte del Chocó biogeográfico, concentra valores ambientales excepcionales, pero ha estado sometido a fuertes presiones urbanas derivadas del crecimiento inmobiliario, ocupaciones informales y transformaciones aceleradas del paisaje. La problemática se expresa en la pérdida de conectividad ecológica, la alteración de las dinámicas hídricas y la degradación de la estructura verde del borde de ladera, especialmente alrededor del brazo de la quebrada San Fernando y relictos de bosque seco. A esto se suman riesgos por erosión, inestabilidad de taludes, escorrentías intensas y aumento de islas de calor en sectores densamente urbanizados. Como determinantes, el proyecto reconoce: (1) el valor ecosistémico del piedemonte como infraestructura natural para la regulación hídrica y la biodiversidad; (2) la necesidad de recomponer un corredor ambiental continuo; (3) la existencia de fragmentos vegetales resilientes como base para la restauración; y (4) la urgencia de crear espacio público de calidad en un borde históricamente conflictivo y subutilizado. La demanda se entiende como una demanda urbana y social: recuperar el contacto cotidiano con el paisaje, garantizar accesibilidad segura al borde de ladera, fortalecer el turismo de naturaleza de proximidad y consolidar un parque lineal capaz de articular barrios, equipamientos y sistemas ambientales. En síntesis, el proyecto busca transformar un borde frágil en una infraestructura ecológica y social continua, capaz de reconciliar a Cali con su geografía, su memoria y su paisaje.
El Corredor Integral del Piedemonte de Cali propone transformar un borde urbano históricamente fragmentado y vulnerable en una infraestructura ecológica continua, capaz de reconectar la ciudad con la montaña y restaurar funciones ambientales esenciales. El piedemonte se entiende no como un límite, sino como un sistema vivo: un “corazón verde” donde paisaje, agua, biodiversidad y ciudadanía se integran en una sola estructura territorial. Su principal aporte es la construcción de un corredor ecológico restaurativo que recompone el tejido verde interrumpido por décadas de urbanización. Esta estrategia restablece procesos ambientales clave como la regulación hídrica, la mitigación de islas de calor, el control de erosión y el soporte a la biodiversidad. La revegetalización incluye arbolado y sotobosque denso con especies nativas, fundamental para la conectividad biológica, la creación de microhábitats y el retorno gradual de fauna asociada al bosque seco de ladera. El proyecto opera como infraestructura natural para la gestión del agua mediante jardines de lluvia, zonas de infiltración y manejo de escorrentías, reduciendo la presión sobre redes urbanas y disminuyendo riesgos por crecientes y erosión. A escala microclimática, la combinación de sombra, cobertura vegetal y superficies permeables mejora el confort térmico del recorrido. En lo social, el corredor se concibe como un espacio público inclusivo que devuelve a los ciudadanos el acceso a un paisaje históricamente restringido o degradado. El sendero elevado, las zonas de estancia y los espacios sensoriales construyen una experiencia de inmersión que fortalece el vínculo emocional entre comunidad y territorio. La restauración ecológica se convierte así en una estrategia de cohesión social, apropiación urbana y pedagogía ambiental. En síntesis, el proyecto integra infraestructura, paisaje y memoria territorial para consolidar un modelo de ciudad más resiliente, biodiversa, habitable e identitaria.










